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LA LLAMADA DEL AHORRO


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Tic Tac. Será porque los relojes en mi casa guardan polvo en un joyero recóndito, porque el único reloj que estoy dispuesta a llevar es uno que cuelgue de mi cuello o porque mi abuela siempre adivina la hora sin necesidad de uno, el caso es que se trata de un objeto que me es completamente indiferente. Vamos, que me la pica.

En mi verano, sentada a tiempo parcial en el trabajo y en el asiento de copiloto de Hache llegamos a la inquietante conclusión de que para odiar las relojes determinan bastante nuestra vida. Tic tac, el reloj biológico. Por si las mujeres no teníamos suficiente con la llamada de la naturaleza, la sociedad, tan sabia ella se sirve de otro para seguir presionando. Las niñas de 15 años morrean con cualquiera para no sentirse dejadas de lado, las niñas de 20 empalman guatemala con guatepeor y las no-tan niñas de 30 juegan a las casitas con el primero que pasa porque cientos de personas les inculcan cada día que no tener pareja es sinónimo de soledad. Empezando por las abuelas, siguiendo por las madres y acabando por las amigas, objeto todas ellas de las mismas presiones. Un círculo vicioso imparable que desemboca en la invención de los divorcios express y las adolescentes de 50 años.
-Hija, no quiero que te quedes sola.
-Ves, hasta tu amiga Mengana se casa.
-¿Por qué no te enrollas con ese?

La llamada del ahorro es igual de terrorífica que un erizo cantanto en tu oreja y está ahí cual canto de sirena recordándonos lo angustioso de la soledad.  ¿Qué fue de aquello de "mejor sólo que mal acompañado"? Se quedó en la teoría, porque no soy ni la primera ni la última que se ha conformado (esa es la palabra) con un tío, por tener algo. La primera pista es sorprenderte convenciendote de una relación: aferrarse a un clavo ardiendo (esa es la expresión) y acabas, por supuesto, quemada.
Cruzo todas las extremidades de mi cuerpo para no caer, que la desesperación es muy mala y yo estoy muy loca.

A LA DERIVA


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-Michael, Michael, ven aquí! Tú también tienes que jugar con nosotras. Mi reina tiburón se llamará Rachel Rose, el tuyo tiene que ir a por comida, así que más vale que te des prisa....
-Una cerveza, por favor...

-Lo peor de una ruptura es cuando te das cuenta de que quieres romper...


Las conversaciones se entrecruzaban en la piscina de Pomene (Mozambique) mientras buscaba un tema sobre el que escribir. Normalmente hubiese tenido mucho que decir sobre las niñas mandonas que llaman a sus tiburones Rachel Rose... pero el tema de las rupturas llama insistentemente a mi puerta.

Primero fueron los problemas en el paraíso de Anne, después de Julia y ahora se me acumulan. No he podido contrastar la información que sentenciaba tan rotundamente el orondo Sudafricano con todas ellas, pero me consta que muchas coinciden en que el peor momento es nadar a contracorriente.

Mientras nadas con un fin, todo tiene sentido, pero cuando te das cuenta de que estás a la deriva y de que ese camino no te lleva a ninguna parte, te falta el aire, sientes que te ahogas. Eres consciente de que llegarás a la orilla en algún momento...¿cuando? ¿Quién te mandaría nadar hacia la boya? La cosa se pone peor, tienes el viento en contra, y pensar que sería tan fácil dejarse arrastrar por el viento, dejar que todo siga su curso... Demasiado tarde, ya te has dado cuenta de que lo que quieres es estar en la orilla. (Y eso que los de la orilla sólo quieren echarse al agua).

También hay quien piensa que lo peor es decirlo, verbalizarlo...puede que sea mi caso, pero eso es sólo porque cuando trato de explicarme tiendo a complicarme con metáforas que sólo me resultan gráficas a mi misma.

Las valientes Rachel Rose, han emprendido el camino hacia la orilla, vuelven a la casilla de salida con la cabeza muy alta, y aquí las espero yo, con un par de manguitos pa´ lo que haga falta.


pd. el dibujo es de Luis Alberto López fernández

EL ERASMUS


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Cuando mi hermana se fue con una beca a Bélgica, muy poca gente sabía o hablaba sobre el Erasmus. Pasaron los años y ahora parece una condición necesaria para licenciarse. Primero ella a Bélgica, luego mi hermano a Francia y años más tarde me tocaría el turno a mí, nada extraño teniendo en cuenta que he sido una experta en becas.
Lo primero fue elegir destino; en mi caso, el destino me eligió a mí. Hacer las maletas  y babum, nueva ciudad, nuevo todo.
Con el mito orgasmus en la cabeza una se podía esperar cualquier cosa. Lo cierto es que cada Erasmus es muy distinto aunque la constante es la vaguería, el alcohol y las rupturas.
De todas las parejas que me rodearon durante mi Erasmus (seguramente más de 10) sólo sobrevivió una, la de mi compañera de piso y su novio con nombre de elemento químico a los que tengo en el pedestal de las relaciones.
Dentro de las parejas Erasmus podemos distinguir dos roles, Ulises y Penélope, uno viaja el otro espera. Hubo de todo: parejas de ensueño que sobrevivieron la distancia pero no el regreso, Ulises que se dieron cuenta de que si Penélope decía ven no lo dejaban todo; Penélopes que cambiaron de rey/reina en ausencia de Ulises y mutuos acuerdos de ruptura.

Tenemos a Paz y a su gordo, aparentemente felices hasta que pasado febrero, Ulises-Paz decidió buscar más allá de Ítaca y encontró a un francés. Tenemos a Laura-Ulises enamorada de Mr Mundo Interior-Penélope, que en fin de año decidió visitarla para nunca más volver; tenemos a Blondie-Ulises y Percy-Penélope que duraron y duraron hasta que volvieron a estar juntos y rompieron; y por último, mi historia.
Aterricé soltera y entera, pero menos entera que de costumbre, un no-novio me no-esperaba también de Erasmus en otra ciudad. En mi camino se cruzó un guiri de lo más majo, que como se decía por aquellas tierras “me llevó al monte”. Soy muy dada a historias simples, pero me persiguen las complicaciones; así que mientras lidiaba por mantener mi relación sin compromisos con No-novio, él se empeñaba en salvar las distancias con toneladas de llamadas y postales; y mientras me metía en el fuego cruzado de tejos con el Guiri, irrumpía a la vez en un triángulo amoroso.
Resulta que le pisé el Guiri a una buenísima amiga que ya le había echado el ojo sin comerlo ni beberlo (bueno beber, bebí mucho ron).

Con el guiri todo acabó bien, amigos ante todo; con la amiga, en apariencia siempre estuvo bien, en el fondo nunca estaré segura (estos europeos que son muy fríos); y con no-novio, se hartó de que no le contestara las postales y me plantó (aunque cuando volvimos a Ítaca retomamos lo que teníamos, en términos de NO-novios, por supuesto).

Algunas fueron con novio y volvieron solteras, otras fueron solteras y regresaron novio, otras fueron solteras y volvieron idem y otras estamos SOMOS solteras.

No es por acojonar al personal, pero algo tiene el Erasmus en contra de las parejas; aunque mi teoría es que la epidemia sólo afecta a parejas que hacen aguas por algún lado.